Solo estoy aquí para devolver este sobre. La voz, débil firme, provenía de un chico de la calle de 13 años con la piel bronceada por el sol que vestía pantalones cortos desgastados y chanclas casi deshechas.
Sostenía un sobre marrón con ambas manos, como si llevara algo mucho más pesado que papel. En la sala de reuniones, el silencio fue roto por la risa del millonario. “Viniste a devolver dinero, solo eso”, se burló reclinándose en su sillón de cuero.
Un chico de la calle devolviendo un sobre. “¡Qué novedad!”, los ejecutivos bajaron la mirada fingiendo manipular hojas de cálculo. Desde arriba, tras un cristal tintado, otra persona observaba la escena a través de las cámaras.
Un anciano de pelo blanco, expresión cansada y mirada atenta, no reía. Apretaba con fuerza su bastón. El niño, sin comprender la magnitud de la confusión, simplemente repitió mirando el sobre.