—No lo es.
—Lo sé ahora.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Lo siento.
El silencio se extendió entre nosotras.
Durante años había esperado escuchar esas palabras.
Pero ahora que finalmente llegaron…
No sentí rabia.
Solo cansancio.
—Camila —dije finalmente—. Te ayudé muchas veces.
—Lo sé.
—Pero también me faltaste al respeto muchas veces.
Asintió.
—Lo sé.
—No puedo fingir que nada pasó.
—No te lo estoy pidiendo.
Respiré profundamente.
—Necesito tiempo.
Ella asintió.
—Lo entiendo.
Se levantó para irse.
Antes de salir, se detuvo.
—Valeria…
—¿Sí?
—Estoy orgullosa de ti.