Para mejor, para mucho mejor. Alejandro abrazó a su esposa observando la fiesta que se desarrollaba a su alrededor. Elena, gracias. ¿Por qué? Por haberme salvado aquel día. Por haberme enseñado lo que es el amor verdadero. Por haber traído a tu familia dentro de mi vida, por haberme dado a Jimena. por haberme convertido en un hombre mejor. Alejandro, tú también me salvaste. Me diste una familia, un hogar, una educación, una vida que nunca soñé tener. Nos salvamos mutuamente.
Es verdad. Alejandro miró a su alrededor una vez más, a Sofía riendo con los niños, a Diego conversando animadamente con otros padres, a Mateo y Jimena jugando juntos, a los amigos y familiares que se habían convertido en parte de su vida. “¿Sabes lo que más me impresiona?”, dijo él. “¿Qué? ¿Que todo comenzó con tú mandándome callar y tú obedeciste?” Elena se rió. Por primera vez en la vida, el señor Alejandro Mendoza obedeció una orden sin cuestionar. Fue la decisión más inteligente que he tomado.
¿Por qué? Porque a veces necesitamos callar para escuchar lo que nuestro corazón intenta decirnos. Elena se volteó para mirar a Alejandro de frente. ¿Y qué te decía tu corazón aquel día? Que tú eras la persona que había estado esperando toda mi vida, solo que aún no lo sabía. Mi corazón decía lo mismo. Alejandro besó a Elena suavemente mientras a su alrededor la fiesta continuaba llena de alegría y vida. Alejandro, Elena susurró, ¿puedo pedirte una cosa más? Claro, lo que sea, que nunca más dejes de escucharme cuando hable.