Las connotaciones fueron variando a lo largo de los años; inicialmente se las vinculaba a un mal augurio, pero otras corrientes las relacionan con la transformación y la energía renovada
A lo largo de la historia, la aparición de un animal o la presencia de un elemento de la naturaleza ante los seres humanos podía tener un significado u otro, según el momento y las circunstancias en las que se diera el fenómeno.
Las distintas culturas supieron crear mitos y leyendas en torno a los diferentes sucesos del ambiente natural en el que se encontraban, y algunos de ellos permanecen hasta nuestros días, aunque con variaciones en su connotación, positiva o negativa, respecto de lo que representaban en cada momento.
Las mariposas, por su naturaleza y metamorfosis, están relacionadas con la transformación y los cambios. Además, por su corta vida se las vincula a lo efímero, a la ligereza de su vuelo y por supuesto, a la época del año en la que aparecen, que coincide con la proximidad de la primavera o el verano.
Sin embargo, el significado puntual de las mariposas negras, que no se ven comúnmente, pero cada tanto aparecen, inicialmente, remitía a un mal augurio, a la llegada inminente de una mala noticia, e incluso tenía una connotación luctuosa para quien la viera o para su entorno.
Con el paso de los años, esta imagen negativa de las mariposas negras fue cambiando y ahora, para muchos representa todo lo contrario: la renovación, el cambio y la vida, por su transformación de oruga a crisálida, hasta convertirse en mariposa adulta.
En tanto, para la creencia católica, el budismo o el Feng Shui, las mariposas representan la resurrección, la perseverancia, la libertad y la resiliencia
Los médicos revelan que consumir cebolla provoca…
“Mamá… ¿cuándo piensas irte de nuestra casa?”, me dijo mi hijo con frialdad, sin saber que yo acababa de ganar 1,500 millones de pesos mexicanos en la lotería.
“No vamos a gastar en ese circo”, dijo mi nuera al cancelar mi fiesta de 70 años…
Solo tenía un tazón de sopa y un techo que apenas resistió la noche, pero no pude rechazar a un niño perdido que lloraba en mi porche. “Por favor… tengo frío”, susurró. Al amanecer, escuché motores rugiendo afuera. Entonces los vi: cientos de personas entrando en mi terreno. “Señora”, dijo un hombre, “hemos venido a reconstruir su casa”. Pero, ¿por qué unos desconocidos harían eso por mí… y quién era realmente ese niño?
Mi esposo murió hace seis meses. Ayer me miró a los ojos en un supermercado… y no me reconoció.