Padre soltero perdió el trabajo por ayudar a una anciana… sin imaginar que su nieta era millonaria…

No era un trabajo remunerado, pero al menos le darían una comida al día a cambio de su tiempo. Es mejor que nada, pensó mientras se dirigía a hablar con el padre Ramón. Mientras Luis intentaba reconstruir los pedazos de su vida, Patricia tomaba una decisión que cambiaría todo. No podía seguir simplemente pensando en él. Necesitaba hacer algo. Necesitaba al menos intentar compensar de alguna manera el daño involuntario que le había causado. Voy a salir un rato, mamá, anunció después del desayuno.

¿A dónde vas? Recuerda que esta tarde tienes la prueba del vestido con la modista. Lo sé. Volveré a tiempo, Patricia. Últimamente te noto muy distraída. ¿Está todo bien? No estarás teniendo dudas sobre Eduardo, ¿verdad? Dudas. tenía un océano de dudas, pero decirle eso a su madre sería abrir una caja de Pandora que no estaba lista para enfrentar todavía. Todo está bien, mamá. Solo necesito aire fresco. Condujo hacia el barrio donde vivía Luis, sintiendo como su corazón latía más rápido con cada kilómetro.

Las calles se volvían más estrechas, las casas más sencillas, pero había algo en ese lugar que le resultaba extrañamente reconfortante. Aquí la gente se saludaba al pasar. Los niños jugaban en las veredas. La vida parecía fluir con una autenticidad que su propio barrio había perdido hacía mucho tiempo. Encontró la dirección que le habían dado. Era un edificio de apartamentos de tres pisos. con paredes que necesitaban mantenimiento, pero que estaban decoradas con macetas llenas de flores. Antes de que pudiera tocar el timbre, una mujer mayor salió del edificio.

“¿Buscas a alguien, hija?” “Sí, estoy buscando a Luis. ¿Sabe si está en casa?” Doña Carmen la miró con curiosidad. No era común ver a alguien vestido así en su barrio, pero había algo genuino en los ojos de esa joven. Luis salió temprano esta mañana a buscar trabajo. No sé a qué hora regresará. ¿Eres amiga suya? Sí. Bueno, nos conocimos hace unos días. Quería hablar con él sobre algo importante. Ese muchacho está pasando por momentos difíciles. Perdió su trabajo hace poco, ¿sabes?

Y él es tan bueno, tan trabajador. La vida a veces es injusta con las personas que menos lo merecen. Patricia sintió una punzada de culpa. Ella sabía exactamente cómo y por qué había perdido ese trabajo. Lo sé, por eso quiero hablar con él. ¿Sabe dónde podría encontrarlo? A esta hora suele estar en la plaza ayudando al padre Ramón con la distribución de alimentos. Ve hacia allá, seguro lo encuentras. Patricia agradeció y caminó hacia la plaza. Con cada paso se sentía más fuera de lugar, pero al mismo tiempo más viva que en meses.