NIÑO ENCUENTRA CABALLO ENCADENADO EN EL DESIERTO… PERO NO ERA UN CABALLO COMÚN…

Jaló y jaló hasta que sus manos se pusieron rojas, pero no logró soltarla ni un poquito. “Voy a buscar ayuda”, prometió Diego tocando la cabeza del caballo con cariño. “No te voy a dejar aquí, no.” El niño corrió de regreso a casa cargando solo unos cuantos palitos delgados que había juntado por el camino. Cuando llegó a la pequeña casa de adobe, donde vivía con su madre, doña Rosa, y sus dos hermanos menores, Pedrito y Sofía, estaba sin aliento y con los ojos brillando de preocupación.

Mamá, encontré un caballo encadenado allá en las piedras”, dijo Diego soltando los palitos en el suelo. Está muy flaco y lastimado. Necesita ayuda. Doña Rosa levantó la vista de la olla donde revolvía unos frijoles aguados y miró a su hijo con cara de cansancio. Diego, niño, ¿estás inventando historias ahora? No, mamá, es en serio. El caballo está casi sin vida. Alguien lo encadenó allá y lo abandonó. La mujer de 4 y tantos años suspiró hondo y se secó las manos en el delantal remendado.

Hijo, nosotros apenas tenemos que comer. No puedo meterme con el caballo de nadie y más si está encadenado alguien lo puso allá por algún motivo. Pero mamá, no. Diego, olvida ese caballo y ve a buscar más leña. Tu padre va a llegar pronto y necesita tener el almuerzo listo. Diego bajó la cabeza, pero por dentro sabía que no iba a poder olvidar aquellos ojos suplicando por ayuda. Cuando la madre no estaba viendo, tomó una botella de agua y un puñado de pasto que crecía en el patio y lo metió en el bolsillo del pantalón viejo.

Voy a buscar más leña”, le dijo a su madre y salió corriendo antes de que ella pudiera decir algo. De vuelta en las piedras, Diego encontró al caballo en la misma posición, pero ahora con los ojos cerrados. El niño sintió el corazón acelerarse pensando que el animal había dejado de respirar, pero cuando se acercó vio que el pecho aún subía y bajaba lentamente. “Hola, volví”, dijo bajito, arrodillándose al lado del caballo. El animal abrió los ojos y miró a Diego con una expresión que el niño nunca había visto en ningún animal.