Mónica había muerto.
EPISODIO 4: Cuando las cicatrices hablan
El funeral fue sencillo.
Poca gente.
Pocas lágrimas.
Algunos por respeto. Otros por costumbre.
Rejoice se mantuvo de pie todo el tiempo. Vestida de blanco. Inquebrantable.
—¿Por qué hizo tanto por esa mujer? —susurraban algunos.
—Yo no podría…
—Está loca…
Pero Rejoice no escuchaba nada.
Porque no solo había enterrado a su tía…
Había enterrado el rencor.
A los veinticinco años, Rejoice dirigía un centro para niñas víctimas de abuso.
Lo llamó Casa Estrella.
Como las estrellas que miraba de niña… cuando lloraba en silencio detrás de la cocina.
Cada niña que entraba por esa puerta recibía algo que a ella le faltó:
Cariño.
—No eres lo que te hicieron —les decía—. Eres lo que decides ser.
Un día, decidió volver.
A ese lugar.
La casa.
La de Mónica.
Había estado abandonada durante años. Justin se fue del país. Terry vivía en otra ciudad. Nadie quiso quedarse con ella.
Pero Rejoice sí.
Con una llave oxidada, abrió la puerta.