Mi hijo me gritó en la cara: “Paga la renta… o lárgate” lo hizo frente a veinticinco personas en la cena de Navidad mi nuera se burló: “A ver cómo sobrevives sin nosotros” hice mi maleta, me fui a mi verdadera casa… y corté la casa, el auto y cada peso que habían gastado a costa mía

Mateo y Audriana se quedaron en la entrada del edificio mirando el espacio vacío en el estacionamiento.

“Tu madre”, dijo Audriana lentamente, “nos está destruyendo”.

“No entiendo”. Mateo negó con la cabeza. “Nada de esto tiene sentido. ¿Cómo puede mi mamá tener tanto poder sobre…?”

Se detuvo. Una idea imposible, absurda, empezó a formarse en su mente.

La fotografía de su padre en Vega propiedades. La palabra cofundador. Las miradas extrañas de Jaime Torres. El hecho de que el departamento, el coche y la tarjeta estaban ligados a Vega propiedades.

“No”, susurró. “No puede ser”.

“¿Qué no puede ser?”, preguntó a Udriana.

Pero Mateo ya estaba corriendo de regreso al departamento, buscando su laptop.

Buscar la verdad.

Mateo escribió en Google: Dueños de Vega Propiedades. Los primeros resultados mostraron información corporativa básica. Vega propiedades S A DC V. Empresa de administración inmobiliaria fundada en 1995. Director ejecutivo: Jaime Torres. Portafolio: 47 propiedades en Ciudad de México y área metropolitana. Valor estimado: aproximadamente 700 millones de pesos.

Abrió la sección de imágenes. Aparecieron fotos de edificios, inauguraciones, artículos de prensa. Y entonces la vio.

Una foto del año 2015, tomada en la inauguración de un complejo residencial en la colonia del Valle. En primer plano, Jaime Torres cortando un listón. Pero en el fondo, clarísima, su madre, Sonia Vega, con un traje sastre, hablando con dos hombres de traje que la escuchaban con evidente respeto.

Mateo amplió la imagen. El pie decía: Jaime Torres, director ejecutivo de Vega Propiedades, en la inauguración del complejo Torres del Mar, proyecto desarrollado por la familia Vega.

La familia Vega.

Con manos temblorosas, Mateo buscó en LinkedIn. Sonia Vega, México. No había perfil público, pero al buscar entre los empleados de Vega propiedades, apareció una entrada sin foto.

Sonia Vega, accionista principal.

“No, no, no puede ser”.

Mateo se llevó las manos al cabello.

Audriana se acercó a leer. “Tu madre es dueña de Vega propiedades”.

“No lo sé. Quizá. Dios mío, Audriana, creo que sí”.

“Entonces, ese departamento es de ella y el coche de ella y la tarjeta de ella”.

“Todo. Todo es de ella”.

Audriana se desplomó en el sillón, pálida. “Hemos estado viviendo en su casa, gastando su dinero. Y tú…”

Lo miró con furia.

“Tú presumiendo a todos que te hiciste solo. Dios mío, Mateo. Le dijiste que pagara renta en su propia casa”.

Mateo sintió náuseas. “No sabía. Te juro por Dios que no sabía”.

“¿Cómo no vas a saber? ¿Nunca te pareció raro que un departamento en Polanco costara 14,000 pesos?”

“Pensé que era un precio preferencial de empleado. Ella siempre vivía tan modestamente, con su ropa vieja, su depa pequeño”.

“¿Qué depa pequeño?”, soltó a Udriana una risa amarga. “Hauesto lo que quieras a que ese departamentito también era fachada. Seguramente tiene una casa enorme en las lomas que nunca nos enseñó”.

Mateo se levantó de golpe y tomó las llaves del departamento.

“¿A dónde vas?”, preguntó a Udriana.

“A buscar a alguien que sí me diga la verdad”.

2:20 de la tarde, Hospital Saint Ángeles.