PARTE 1
“Ya no sirves para nada en esta casa. Agarramos lo que necesitábamos de ti, así que lárgate y ni se te ocurra volver.”
La frase me cayó encima como una cubeta de agua helada apenas crucé la puerta. Venía saliendo de un turno doble en un hospital de Guadalajara, con la espalda rota, los pies hinchados y la cabeza zumbándome por tantas horas sin sentarme. Lo único que quería era bañarme, recalentar unas enchiladas del día anterior y dormir hasta no escuchar ni mi nombre.
Pero en la entrada estaba mi maleta.