En el fondo de sus ojos vio algo raro en los hombres poderosos: no hambre, no cálculo, sino una pena antigua y una decisión feroz.
—Está bien —dijo.
Aquella noche casi no durmió.
Cada vez que cerraba los ojos veía a Javier de rodillas, a Sofía bebé, a la puerta con la cerradura nueva, al papel del divorcio.
Y detrás de todo, la idea insoportable de que quizá el amor había sido solo la forma elegante que había encontrado su destrucción para entrar en casa.
Al día siguiente llegaron la psicóloga de la familia Velasco, el médico otra vez y, antes de anochecer, Alonso con un primer informe.
María fue llamada al estudio.
Ricardo estaba sentado detrás del escritorio. Alonso permanecía de pie a un lado, con varias carpetas abiertas.
—Señorita Torres —comenzó—. Lo que voy a decirle está confirmado en más de un ochenta por ciento. Algunos detalles todavía están en verificación.
María sintió un vacío helado en el estómago.
—Adelante.
—Javier Beltrán vendió la vivienda que ustedes compartían en mayo de 2024 por unos doscientos veinte mil euros. Un mes después del divorcio se casó con Elena Martín, antigua compañera suya de Comercial del Río. Actualmente viven en una propiedad de unos ciento ochenta metros cuadrados en la urbanización Lago Azul, valorada en aproximadamente ochocientos cincuenta mil euros y pagada al contado. En esa casa viven también la madre de Javier, su hermana Laura y su hija Sofía.
El nombre de su hija en boca de un extraño le desgarró algo por dentro.
—Javier trabaja como subdirector general en una empresa llamada Materiales Sol. Posee un treinta por ciento de las acciones. Parte del capital inicial está relacionado con la venta de la vivienda y con movimientos sospechosos conectados al dinero desviado hace tres años.
Alonso pasó una página.
—Elena Martín está embarazada de cinco meses.
La frase golpeó a María con violencia.
Javier no solo la había traicionado. Había rehecho una vida completa sobre sus huesos.
—¿Y Sofía? —preguntó ella, casi sin voz.
—Asiste a un jardín de infancia privado. Por ahora no tenemos información profunda sobre su estado emocional, pero estamos trabajando en ello.
Ricardo apretó la mandíbula.
—Sigue.
Alonso asintió.
—Respecto al caso por el que la señorita Torres fue condenada, la empresa denunció la desaparición de doscientos ochenta mil euros. La evidencia principal consistía en documentos financieros adulterados, una firma atribuida a usted y el testimonio clave de Javier Beltrán. Sin embargo, hemos encontrado indicios fuertes de que la firma pudo ser imitada y de que el dinero estaba vinculado a un proyecto opaco gestionado por Javier. Además, uno de los policías que investigó el caso mantenía una relación cercana con un antiguo compañero universitario suyo. Existen transferencias dudosas. Hay base suficiente para sospechar que Javier organizó un encubrimiento premeditado y que pudo haber manipulación judicial.