Me sacrifiqué por mi marido y pasé tres años entre rejas. Cuando salí en libertad, mi hija había desaparecido, mi matrimonio se había desmoronado y el hombre que me traicionó vivía la vida de mis sueños… hasta que un extraño con un gran poder me ayudó a derrumbar su mundo perfecto…

Nada.

La puerta de al lado se abrió y apareció una mujer de mediana edad, con una bata de flores y expresión cansada.

—¿A quién busca?

—A la familia Beltrán. Vivían aquí. Yo… yo soy María. ¿Se han mudado? ¿Sabe adónde?

La mujer frunció el ceño, como si revolviera un recuerdo viejo.

—Se fueron hace bastante. Casi dos años. Vendieron el piso.

María sintió que el pasillo se inclinaba bajo sus pies.

—¿Hace dos años?

—Sí.

—¿Y no dejaron ninguna dirección? ¿Nada para mí?

La vecina la estudió con más atención, quizá por la desesperación en su cara, quizá por los ojos hundidos, quizá porque reconoció el nombre.

—Espere.

Volvió a entrar en su casa y regresó un minuto después con un sobre amarillo, gastado por las esquinas.

—Hace como un año vino un hombre. Me dijo que si alguna vez aparecía una mujer llamada María Torres, le entregara esto.

María cogió el sobre con dedos helados.

No pesaba casi nada.

Lo abrió allí mismo.

No había carta.

No había disculpas.

No había fotos de Sofía.