“Me echaron 24 horas después de mi cesárea… sin saber que la casa no era suya”
Además de la obligación de responder solidariamente por parte de los gastos médicos y procesales.
Daniela no acabó imputada penalmente.
Pero sí quedó señalada en el procedimiento civil como ocupante sin derecho.
Cuando comprendió que el departamento no sería suyo.
Ni de mis padres.
Ni un refugio gratuito para criar a su hijo.
Empezó a discutir con todo el mundo.
El padre de su bebé, que hasta entonces aparecía y desaparecía cuando quería, se negó a seguir financiándole hoteles y rentas temporales.
Por primera vez en su vida, Daniela se quedó sin una red construida con el sacrificio de otra persona.
El juicio civil tardó meses.
Pero salió como Mateo había previsto.
El juez reconoció que mis padres ocupaban la vivienda por mera tolerancia de los propietarios.
Y que esa tolerancia había quedado extinguida de forma clara.
Ordenó el desalojo.
Y fijó además una cantidad por servicios impagados y daños.
Recuerdo el día exacto en que fueron a recoger las últimas cajas.
Mi madre no me miró.
Mi padre sí.
Pero con una mezcla de rencor y vergüenza que ya no me hacía daño.
Daniela abrazaba a su hijo y evitaba pasar por delante de Mateo.
Nadie gritó.
Nadie pidió perdón.