A las 3 semanas pasó lo peor. Valeria empezó a llorar de un modo extraño, agudo, desesperado. Tenía fiebre y la piel se le puso amoratada alrededor de los labios. Verónica salió corriendo con ella envuelta en 1 cobija, Emiliano atrás cargando a Mateo. En urgencias les dijeron la verdad que nadie quiere oír: la niña tenía 1 malformación cardíaca congénita y necesitaba cirugía urgente.
Verónica sintió que el suelo la expulsaba.
—¿Cuánto? —preguntó con la voz vacía.
La cifra no era imposible; era criminal para alguien como ella. Era casi todo lo que había juntado en años para la universidad de Emiliano, más préstamos, más favores, más humillación.
Ya en el pasillo, se tapó la cara con las manos.
—No puedo quitarte eso —le dijo a su hijo—. Era tu escuela. Era tu salida. Yo te prometí que ibas a estudiar, que no ibas a quedarte atrapado en esta colonia, en esta vida…
Emiliano, con los ojos rojos y la espalda encorvada por el cansancio, la tomó de los hombros.
—Hazlo.
—Pero es tu dinero.
—No, mamá. Es nuestro dinero. Y es su corazón.
No hubo más discusión. Vendieron la televisión grande que aún debían, empeñaron 2 anillos, pidieron prestado, vaciaron el ahorro. Emiliano dejó de ir 1 semana a clases para quedarse en el hospital. La operación fue larga. Cada minuto tenía el peso de 1 año. Cuando el cirujano salió a decir que Valeria había resistido, Verónica se soltó llorando como no lo hacía desde hacía tiempo. Emiliano se dejó caer en una silla y se cubrió el rostro. No era solo alivio. Era agotamiento. Era rabia. Era la certeza de que se estaban rompiendo por salvar algo que otros habían desechado.
Pero la vida todavía no terminaba de ensañarse. 5 días después, Leticia los llamó con voz quebrada. Mayra había empeorado por una infección que se salió de control. Verónica y Emiliano alcanzaron a llegar para despedirse. La muchacha apenas podía hablar. Les pidió que acercaran a los bebés. Besó a Valeria con labios temblorosos, luego a Mateo. Miró a Emiliano como se mira a alguien que hizo por ti lo que ni tu propia sangre quiso hacer.
—Tú me enseñaste… qué es familia —susurró.
Murió esa noche.