“¡Llévese a mis 2 hijos!” suplicó la madre llorando… pero el ranchero tomó una decisión que paralizó a todos.

“Mateo… tengo que decirle la verdad,” confesó ella, con la voz temblorosa, rompiendo la paz del momento. “No solo huíamos del hambre. El padre de mis 2 hijos, Don Fausto, el cacique más peligroso de San Lorenzo… nos está cazando. Él quiere vender a los niños para pagar sus deudas de juego. Si sabe que estamos aquí, lo matará.”

Mateo se quedó inmóvil. La taza de café que sostenía quedó suspendida en el aire. El nombre de Fausto pareció despertar 1 demonio en su interior. Sus ojos se oscurecieron con 1 furia que Mariana nunca había visto. En ese exacto instante, los 3 perros mastines del rancho comenzaron a ladrar salvajemente hacia el portón principal. El sonido de varias camionetas frenando de golpe sobre la grava hizo vibrar las ventanas de la cabaña. Se escucharon golpes violentos contra la madera de la entrada.

Mateo se levantó lentamente, agarró su rifle de la pared y miró hacia la puerta con 1 expresión letal.

No puedo creer lo que está a punto de pasar…

PARTE 2

“¡Abre la puerta, Mateo!” rugió 1 voz ronca y amenazante desde el porche exterior. “Sabemos que la mujer y sus 2 crías están ahí adentro. ¡Entrégala por las buenas o reducimos todo tu rancho a cenizas!”

El pánico se apoderó de Mariana. Abrazó a sus 2 hijos, empujándolos debajo de la pesada mesa de roble de la cocina. El terror que la había perseguido durante 6 meses la asfixiaba. Sintió que había arruinado la vida de aquel hombre noble.

Mateo no pronunció ni 1 palabra. Verificó el cartucho de su rifle, abrió la puerta de madera maciza y salió al intenso frío, cerrando detrás de él para bloquear cualquier mirada hacia el interior. Frente a su casa, 4 camionetas con los faros encendidos cegaban la vista en medio de la nieve. Había al menos 8 hombres fuertemente armados, todos sicarios de Don Fausto.