Trabajo como auxiliar administrativa en una diminuta oficina de seguros, el tipo de lugar donde la gente olvida tu nombre pero recuerda cuando no rellenaste el papel de la impresora.
Cada día sigue el mismo patrón de hacer malabarismos con las llamadas telefónicas, programar citas y fingir que no oigo a los agentes discutir sobre sus clientes.
La mayoría de los días, cuento los minutos que faltan para llegar corriendo a casa con mis hijos. Ya llegaba tarde el día en que mi vida cambió para siempre.

Una mujer trabajando en una oficina | Fuente: Pexels
Mis angelitos tienen cinco y siete años, la edad perfecta para derretirte el corazón y drenar toda tu fuerza vital en el mismo aliento.
Normalmente se quedan con la niñera después del colegio y la guardería, pero mi mamá los cuida los días que la niñera no puede ir.