Dentro del cofre…
no había dinero.
No había joyas.
No había nada que uno esperaría de un “gran secreto”.
Había…
cartas.
Cientos de ellas.
Atadas con cintas, ordenadas cuidadosamente por años.
Y encima de todo, una fotografía antigua.
La tomé con manos temblorosas.
Era Eduardo… mucho más joven.
Y junto a él…
una mujer que no era yo.
Sosteniendo a un bebé.
