La Hija del Magnate Susurró: “Me Quema el Estómago”… Y La Empleada Descubrió Algo Que Nadie Debía Saber.

Rosa sintió un escalofrío.

—¿Por qué?… es una niña…

Valeria caminó lentamente hacia ella.

Elegante. Tranquila.

Como si nada.

—Porque estorba —respondió, sin emoción—. Mientras ella viva… Esteban nunca será completamente mío.

Rosa sintió rabia. Dolor.

—¡Es su hija!

—Y yo soy su futuro —dijo Valeria, con frialdad—. Cuando ella muera… él me tendrá solo a mí.

Rosa dio un paso atrás.

—Estás enferma…

Valeria sonrió.

—No más que tú… si crees que saldrás de aquí viva.

El aire se volvió pesado.

Y en ese momento…

Se escuchó una voz detrás:

—¿De qué no va a salir viva?

Las dos mujeres se giraron.

Era Esteban.

De pie en la puerta.

Con el rostro pálido.

Había escuchado todo.

Todo.

Sus ojos se llenaron de incredulidad… de dolor… de furia.

—Valeria… dime que no es verdad…

Valeria lo miró.

Y por primera vez… su máscara se rompió.

—Lo hice por nosotros…

El sonido de la bofetada retumbó en la habitación.

—¡Por nosotros dices! —gritó Esteban— ¡Es mi hija!

Corrió hacia el cuarto de Camila.

La cargó en brazos.

—Mi niña… mi niña…

Rosa tomó el teléfono con manos firmes.

—Ya llamé a la policía.

Valeria retrocedió.

Por primera vez… asustada.

Minutos después…

Las sirenas llenaron la mansión.

La verdad salió a la luz.

Valeria fue arrestada.

Los análisis confirmaron todo.