Veneno.
Durante meses.
Pero aún había esperanza.
Camila fue trasladada de inmediato a un hospital.
Los médicos actuaron rápido.
Tratamiento intensivo.
Días críticos.
Noches sin dormir.
Hasta que…
Una mañana…
la niña abrió los ojos.
—Papá…
Esteban rompió en llanto.
—Aquí estoy, mi amor… aquí estoy…
Camila miró a Rosa… y sonrió débilmente.
—Ya no me quema…
Rosa cerró los ojos… agradecida.
Por primera vez en mucho tiempo…
todo estaba bien.
Meses después…
la casa volvió a tener vida.
Risas.
Luz.
Esperanza.
Camila corría por el jardín… con su cabello creciendo otra vez.
Y Rosa…
ya no era solo la empleada.
Era familia.
Porque a veces…
los héroes no llevan capa.
Solo un corazón que se niega a rendirse.
Y el valor… de escuchar a quien nadie más quiso escuchar.