La Hija del Magnate Susurró: “Me Quema el Estómago”… Y La Empleada Descubrió Algo Que Nadie Debía Saber.

Lo podía oler.

Como cuando una tormenta está por caer.

Y entonces…

El cuarto día… llegó la llamada.

Rosa contestó con las manos sudorosas.

—¿Bueno?

Del otro lado… silencio.

Y luego, la voz de Javier… baja… temblorosa:

—¿De dónde sacaste eso?

El corazón de Rosa se detuvo.

—Dime… ¿qué es?

Una pausa.

Y luego…

—Veneno.

El mundo se le vino abajo.

—¿Qué…?

—Es algo muy preciso… en dosis pequeñas… —continuó Javier—. No mata rápido… pero destruye poco a poco. Provoca vómitos, debilidad… caída del cabello…

Rosa empezó a llorar.

—No puede ser…

—Quien esté dando esto… sabe perfectamente lo que hace.

El teléfono casi se le cayó de las manos.

Todo encajaba.

Todo.

Rosa levantó la mirada… y en ese instante…

Sintió algo detrás de ella.

Se volteó.

Y ahí estaba.

Valeria.

De pie.

Observándola.

Con una sonrisa… fría… peligrosa.

—¿Algo interesante en esa llamada?

El corazón de Rosa latía como loco.

Pero esta vez…

No bajó la mirada.

—Sé lo que le estás dando a la niña.

El silencio fue pesado.

Denso.

Valeria entrecerró los ojos.

Y luego… soltó una pequeña risa.

—Más lista de lo que pareces…