La Hija del Magnate Susurró: “Me Quema el Estómago”… Y La Empleada Descubrió Algo Que Nadie Debía Saber.

Rosa tragó saliva.

—No, corazón… pero me voy a quedar contigo.

Y entonces la niña le tomó la mano.

Helada.

Débil.

—Me duele mucho… —susurró—. Aquí…

Se señaló el estómago.

Rosa la abrazó con cuidado, como si fuera de cristal.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Camila sonrió un poquito.

Pero todo cambió esa misma noche.

Cuando Valeria entró al cuarto.

Su perfume llenó el aire. Su mirada… fría.

—Es hora de sus vitaminas —dijo, con una sonrisa que no llegaba a los ojos.

Camila se quedó inmóvil.

Su cuerpecito empezó a temblar.

Rosa lo notó.

Lo sintió.

Ese miedo… no era normal.

Cuando Valeria se fue, la niña jaló suavemente la mano de Rosa.

Miró hacia la puerta… como si alguien pudiera escuchar.

Y entonces, en un susurro que helaba la sangre, dijo:

—No me gustan…

—¿Qué cosa, mi amor?

—Las vitaminas…

Rosa frunció el ceño.

—¿Por qué?

Camila tardó unos segundos en responder.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Y apenas, casi sin voz…

confesó:

—Porque… me queman el estómago… todas las noches…

Rosa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Miró la mesa de noche.

Frascos sin etiqueta.

Líquidos extraños.

Nadie más los tocaba… solo Valeria.

Algo dentro de ella… gritó.

Algo oscuro.

Algo peligroso.

Esa noche, Rosa no pudo dormir.