La encontró agonizando en el río và la llevó a su cama para salvarla, pero al descubrir la verdad sobre su pasado, Mateo se dio cuenta de que su familia era la culpable de su desgracia.

—Pudiste haberme entregado —dijo ella en un susurro—. Hubieras salvado tu herencia.

—Mi única herencia verdadera es mi conciencia, Elena. Si me quedo con esta tierra sabiendo lo que sé, el agua del río nunca volverá a saberme limpia.

El juicio duró 8 meses. Fue el escándalo más grande en la historia moderna de San Juan de las Flores. Mateo no peleó. Al contrario, él mismo presentó las pruebas contra su difunto padre. Entregó cartas, diarios y el contrato original. La gente del pueblo lo llamaba loco, traidor a su propia sangre, nhưng Mateo caminaba por la plaza con la frente en alto.

El juez dictó sentencia un 14 de noviembre. La propiedad fue restituida legalmente a Elena Santos. Don Severiano Barragán hijo fue arrestado por el intento de asalto y se abrieron investigaciones sobre todas sus propiedades. La justicia, aunque tardía, cayó como una lluvia necesaria sobre una tierra sedienta.

El día que Mateo terminó de empacar sus cosas para irse del rancho, Elena lo encontró en el corral, acariciando al alazán que lo había llevado al río aquel primer día. Ella llevaba un rebozo negro y el cabello trenzado, luciendo como la dueña absoluta de su destino.

—¿A dónde vas? —preguntó ella.

—Tengo unos ahorros. Compraré un terreno pequeño en el sur, cerca de la costa. Empezaré de cero, con tierra que no tenga manchas —respondió él sin rencor.

Elena se acercó y puso su mano sobre la de él.

—Este rancho tiene 50 hectáreas, Mateo. Son demasiadas para una mujer sola que ya no tiene la fuerza de los 20 años. Y este lugar… este lugar ya no huele a robo. Huele a café fuerte y a la decencia de un hombre que prefirió la verdad sobre la riqueza.