Dos.
Tres.
—¿Hola? —respondió una voz de mujer.
Era suave.
Mayor.
Temblorosa.
—Yo… —dije, con la voz quebrada—. Soy la chica de la lavandería…
Silencio.
Dos.
Tres.
—¿Hola? —respondió una voz de mujer.
Era suave.
Mayor.
Temblorosa.
—Yo… —dije, con la voz quebrada—. Soy la chica de la lavandería…
Silencio.