Mi hijo creció.
Yo también.
Ya no contaba monedas para comer.
Ya no tenía que elegir entre lavar o alimentarnos.
Y un día…
sin darme cuenta…
me vi en el espejo.
Y no reconocí a la mujer que fui.
Porque ahora…
había algo en mis ojos.
Fuerza.
El momento que cerró todo
Un día, mientras trabajaba…
entró una chica.
Joven.
Con un bebé en brazos.
Ropa gastada.
Mirada cansada.
La vi.
Y me vi.
Hace unos meses.
Se acercó a la máquina.
Contó monedas.