Se llevó a los niños, Matías y Valentina, y exigió una pensión alimenticia exorbitante. Daniel se encontró solo, enfrentando la ruina financiera con una reputación destruida y sin familia. Una tarde, Daniel apareció en el programa de televisión más popular de la ciudad. El entrevistador no fue amable. Señor Ruis, comenzó el entrevistador con voz dura. Millones de personas han escuchado la historia de cómo usted y sus hermanos abandonaron a sus padres ancianos bajo la lluvia torrencial. ¿Qué tiene que decir al respecto?
Daniel, que se veía demacrado y envejecido años en solo meses, tartamudeó tratando de explicarse. Yo fue un error terrible. Nunca debí, pero la situación era complicada. Mi esposa tenía opiniones fuertes y yo, su esposa interrumpió el entrevistador con disgusto evidente. Usted está culpando a su esposa por sus propias decisiones de cerrarle la puerta en la cara a su madre enferma. No, no es eso lo que quiero decir. Daniel trató de recuperarse, pero estaba claro que estaba perdiendo.
Lo que quiero decir es que me dejé influenciar, que tomé decisiones horribles por las razones equivocadas. Y ahora, preguntó el entrevistador, ¿qué espera lograr con esta entrevista? Daniel miró directamente a la cámara, sus ojos húmedos. Espero que mis padres me escuchen, que sepan que lo lamento más de lo que las palabras pueden expresar, que si pudiera volver atrás y cambiar todo, lo haría sin dudar. Mamá, papá, si están viendo esto, por favor, denme una oportunidad de arreglarlo.
Pero Carmen y Fernando no estaban viendo. Habían dejado atrás las noticias, los programas, todo el circo mediático. Estaban enfocados en reconstruir sus vidas. y en ayudar a otros que enfrentaban situaciones similares. Mónica perdió su clínica pediátrica. Los padres, uno tras otro, retiraron a sus hijos diciendo que no confiaban en una doctora que había sido tan cruel con sus propios padres. Las deudas se acumularon. La clínica cerró. Mónica tuvo que vender su penthouse de ,200,000 para pagar deudas.
Su esposo Rodrigo la dejó. Igual que Lorena había dejado a Daniel saltando del barco que se hundía, Mónica cayó en una depresión profunda. Pasaba días sin salir de su apartamento pequeño, una caída dramática desde su pentouse, sin ducharse, sin comer adecuadamente. Una noche, en su punto más bajo, consideró el suicidio. Tenía las pastillas en su mano, lista para terminar con todo. Pero entonces su teléfono sonó. era una antigua colega, una doctora que había sido su mentora años atrás.