“Sus muebles son considerados piezas de colección. Hay gente que pagaría fortunas por tener un original de Fernando Ruiz. Si rastreamos todos los muebles que hizo y los autentificamos, estamos hablando de un valor colectivo de más de 5 millones de dólares. Fernando miró a Marcos con incredulidad. Eso, eso es imposible. Yo solo hacía muebles, mesas, sillas, armarios, nada especial. Eran especiales, insistió Marcos. Y valen una fortuna, pero hay un problema. El problema era que muchos de esos muebles habían sido vendidos o regalados años atrás.
Rastrearlos todos sería difícil, si no imposible. Sin embargo, Marcos tenía otra idea. He hablado con varios coleccionistas y galerías, explicó Marcos. Todos están interesados en su trabajo. Si usted pudiera hacer algunas piezas más, incluso con su salud actual, incluso si son piezas más pequeñas, se venderían por decenas de miles de dólares cada una. Carmen y Fernando podían creer lo que estaban escuchando. Durante todos estos años habían vivido pensando que eran pobres, que habían fracasado económicamente, que no tenían nada que dejar a sus hijos, excepto una casa modesta.
Y resulta que Fernando había sido un maestro artesano, cuyo trabajo valía millones. “Pero hay algo más que necesitan saber”, dijo Marcos, su expresión volviéndose seria. encontré algo en mi investigación que va a cambiar todo. Marcos sacó una carpeta llena de documentos. Eran registros financieros, escrituras, contratos. Cuando Fernando vendió su taller hace 10 años, explicó Marcos, el contrato incluía una cláusula que nadie notó, una cláusula que decía que si la propiedad cambiaba de categoría para convertirse en zona comercial de alto valor dentro de 15 años de la venta, Fernando tenía derecho a un porcentaje adicional del valor.
Fernando miró los documentos con confusión. Nunca leí eso. El desarrollador dijo que era un contrato estándar. Lo era, dijo Marcos, pero incluía esa protección para el vendedor y la propiedad cambió de categoría hace 3 años, lo que significa que Fernando tiene derecho legalmente a un millón y medio de dólares adicionales. El silencio en la habitación del hospital fue absoluto. Un millón y medio, repitió Carmen con voz temblorosa. Exactamente, confirmó Marcos. y he consultado con mis abogados. El caso es sólido.