Hijos echan a sus padres bajo la lluvia… pero el anciano escondía una herencia millonaria…

Carmen Ruiz. Había conocido a Fernando cuando tenía apenas 19 años. Él trabajaba como carpintero en un pequeño taller del pueblo y ella era costurera en una fábrica textil. Se conocieron en una fiesta del pueblo y Carmen recordaba perfectamente ese momento como si hubiera sido ayer. Fernando llevaba una camisa blanca impecablemente planchada y tenía la sonrisa más honesta que Carmen había visto en su vida.

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No era guapo en el sentido convencional de la palabra, pero tenía unos ojos color café que transmitían una bondad tan genuina que Carmen sintió que podía confiar en él desde el primer instante. Se casaron un año después en una ceremonia humilde, pero llena de amor. No tenían mucho dinero. De hecho, apenas tenían para el vestido sencillo de Carmen y los trajes prestados de Fernando, pero tenían algo más valioso. Tenían sueños compartidos, tenían ilusiones, tenían un amor tan puro que todos los que los conocían podían sentirlo.

La noche de bodas la pasaron en un pequeño cuarto alquilado que Fernando había estado pagando durante meses, trabajando turnos extras en el taller de carpintería. haciendo muebles hasta altas horas de la madrugada, hasta que sus manos sangraban de las astillas y del cansancio. Carmen quedó embarazada a los 6 meses de casada. recordaba con perfecta claridad el día en que le dio la noticia a Fernando. Él estaba trabajando en su pequeño taller, lijando una mesa de comedor que le habían encargado cuando Carmen llegó con la noticia.