Hijos echan a sus padres bajo la lluvia… pero el anciano escondía una herencia millonaria…

El guardia hizo otra llamada. Esta vez la conversación fue más larga. finalmente colgó con una expresión incómoda. La doctora dice que dice que si realmente es una emergencia deberían ir a un refugio, que ella no puede ayudarlos porque tiene cirugías tempranas mañana y necesita descansar. Carmen sintió como si alguien le hubiera arrancado el corazón del pecho. Mónica, su hija, la niña a quien había amamantado, a quien había cuidado durante sus crisis de asma de niña, a quien había apoyado durante su embarazo adolescente, la estaba rechazando y mandándola a un refugio.

No hubo respuesta. Solo el sonido de la lluvia y el guardia de seguridad mirándolos con una mezcla de lástima y incomodidad. Siguiente parada, la casa de Sebastián. Pero Sebastián ni siquiera abrió la puerta. Gritó desde adentro que se fueran, que lo dejaran en paz, que él ya había dejado claro que no quería involucrarse en sus dramas. Finalmente, llegaron a la casa de Gabriela, su benjamina, su niña pequeña, para cuando llegaron ahí, Carmen y Fernando apenas podían caminar.

Estaban completamente empapados, tiritando incontrolablemente, tosiendo sin parar. Fernando tenía fiebre. Carmen podía sentir el calor emanando de su piel. Gabriela abrió la puerta, pero no dejó entrar a sus padres. Se quedó parada en el umbral, bloqueando la entrada con su cuerpo. “Mamá, papá”, dijo con voz tensa. Eduardo dice que no pueden quedarse aquí. dice que si los dejo entrar, él se irá y yo no puedo arriesgar mi matrimonio por esto. Por esto, repitió Carmen sin poder creer lo que estaba escuchando.

Gabriela, somos tus padres. Hubo un incendio. No tenemos donde ir. ¿Y tú lo llamas esto? Lo siento, dijo Gabriela, pero sus ojos estaban secos. No había lágrimas, no había verdadero arrepentimiento, pero tomaron su decisión cuando se negaron a vender la casa. Ahora tienen que vivir con las consecuencias. Las consecuencias de querer quedarnos en nuestro propio hogar, dijo Fernando con una voz tan débil que era apenas un susurro. Tienen que irse, dijo Gabriela mirando nerviosa hacia adentro de la casa.