Los registros se habían perdido.
Y la agencia que gestionó la adopción de Clara fue cerrada años después por irregularidades legales.
Había sospechas de tráfico ilegal de menores.
El mundo de Clara se rompió en dos.
Pero Mark y Elaine no se apartaron ni un segundo.
—Escúchame bien —dijo Mark, arrodillándose frente a ella—. Seas hija de quien seas biológicamente, nosotros somos tus padres. Te elegimos. Te amamos.
Elaine la abrazó con fuerza.
—Y siempre lo haremos.
Una prueba de ADN confirmó lo que el corazón de Isabel había sabido desde el primer día.
Clara era su hija.
Pero la historia no fue de ruptura.
Fue de reconstrucción.
Isabel no había estado persiguiéndola por obsesión. Había sido una madre destrozada, buscando una pieza perdida de su alma durante más de una década.
Con apoyo psicológico y ayuda legal, Isabel recibió tratamiento. Encontró un pequeño trabajo en una cafetería cercana. Poco a poco dejó el banco del parque.
Clara comenzó a visitarla los fines de semana. Al principio con miedo. Luego con curiosidad. Después… con cariño.
No hubo reemplazos.
Solo espacio para más amor.
Clara tenía dos madres.