—¿Qué pasa, cariño?
Clara dudó. Sentía que estaba traicionando algo al siquiera preguntar. Pero necesitaba saber.
—¿Cómo me encontraron?
Mark y Elaine intercambiaron una mirada rápida. No era la primera vez que hablaban de adopción con Clara, pero sí era la primera vez que ella hacía esa pregunta con tanta seriedad.
Elaine la invitó a sentarse.
—Te adoptamos cuando tenías apenas ocho meses. Era una adopción cerrada. No teníamos información sobre tu madre biológica, solo algunos datos médicos básicos.
—¿Nada más? —preguntó Clara, con la voz apenas audible.
Mark negó con la cabeza.
—Nada más.
Clara asintió, pero la inquietud no desapareció. Esa noche soñó con el parque. Con la mujer extendiendo los brazos. Con el oso de peluche cayendo al suelo.
Al día siguiente, cuando pasó por el parque, la mujer estaba allí, como siempre. Pero esta vez no gritó. Solo la miró fijamente.
Y susurró:
—Te llamabas Luna.
Clara se detuvo en seco.
Mia la jaló del brazo.
—¡Vamos!
Pero el mundo de Clara se había quedado suspendido.
Luna.
Ese nombre vibró en su pecho de una manera extraña. Familiar.
Esa tarde no fue directamente a casa. Fingió que tenía que quedarse a hacer un proyecto escolar y regresó sola al parque.
El banco estaba vacío.