h1 30 minutos antes del “sí, quiero”, mi suegra se reía de mi madre… “¡Díganle que se bañe!” Nadie sabía que mi madre era la…

Cuando dijo “mi mamá”, él se tensó.

“No hagas drama”, pidió.

Pero sus ojos evitaron los míos por un segundo. Me dolió más ese gesto que las palabras de Dora. Juan sabía algo o al menos intuía.

“Tu mamá me invitó para burlarse o para provocarla”, insistí.

Juan tragó saliva.

“Valeria, por favor, hoy es la boda de Paula”.

Esa frase tan limpia fue una pared. Y detrás de esa pared yo empecé a oír secretos. La música subió y la gente volvió a bailar. Yo no podía. Dora se acercó con una sonrisa suave, demasiado suave.

“Ay, no te me pongas sensible”, dijo. “Tu madre es interesante”.

Esa palabra me encendió la sangre.

“¿Qué quiere decir con eso?”, pregunté.

Dora se inclinó y susurró: “Que hay gente que llega de donde menos esperas”.

Antes de que respondiera, Dora se alejó como si nada. Me quedé temblando. Fui al baño, me miré al espejo y vi a una Valeria distinta, cansada de aguantar. Saqué el celular y le escribí a mi madre: “¿Estás bien? Te llevo”.

Tardó en contestar. Ese silencio me asustó más que las risas del salón. Cuando por fin respondió, fue una sola línea: “Estoy bien. No te pelees por mí. Mañana hablamos”.

Sentí alivio y, al mismo tiempo, una alarma. Mi madre nunca evitaba hablar, siempre encontraba una forma de calmarme. Esa vez no.

Guardé el celular y al salir del baño choqué con Paula, que tenía los ojos rojos.

“Perdón por todo”, me dijo Paula casi sin voz. “Yo no quería que tu mamá viniera así”.

La miré fijo. Paula apretó los labios.

“Mi mamá… ella hizo una llamada antes. Dijo que era hora de cerrar un asunto”.

Se me heló la espalda.

“¿Qué asunto?”, pregunté.