Mi madre respondió:
“Porque su madre nos está destruyendo”.
Julián nos hizo pasar a una oficina pequeña. Cerró la puerta con llave.
“No confío en nadie”, dijo.
Alejandra mostró su credencial de abogada.
“No venimos a hacerte daño, venimos a sacar la verdad”.
Julián soltó una risa amarga.
“La verdad cuesta”.
Mi madre lo miró fijo.
“A mí ya me costó años”.
Julián se suavizó un poco.
“Entonces, ¿sabes lo que pasó?”
Mi madre susurró:
“Sé lo que vi, pero necesito tu versión”.
Julián se sentó y apoyó la frente en las manos.
“El incendio fue un montaje”, dijo al fin.
Juan se quedó pálido. Julián levantó la vista.
“Ernesto necesitaba justificar el préstamo y Dora necesitaba una excusa para mover el dinero sin preguntas”.
Yo sentí que el aire se volvía pesado.
Alejandra preguntó:
“¿Y tú por qué desapareciste?”
Julián tragó saliva.
“Porque intenté denunciar. Y me amenazaron”.
Mi madre apretó el rosario.
“¿Te amenazaron con qué?”
Julián miró a la ventana.
“Con mi hijo”.
Yo me quedé helada.