Yo respiré, pero el aire quemaba.
Alejandra habló con Ramírez.
“Solicito resguardo de documentos y medidas por amenazas”.
Ramírez asintió. Ernesto soltó una carcajada amarga. Alejandra lo miró.
“No, solo estamos cansadas”.
Dora se acercó a Juan.
“Hijo, di que te obligaron”.
Juan la miró y por primera vez vi enojo real en él.
“Me obligaste con tus lágrimas”, dijo Juan.
Dora abrió los ojos, herida en su orgullo.
“Yo te di todo”.
Juan respondió:
“Me diste miedo”.
Esa frase dejó a Dora sin aire. Ernesto apretó los puños.
“No hables así a tu madre”.
Juan lo enfrentó.
“Tú no eres mi padre”.
Ernesto se quedó congelado. Yo miré a Juan sorprendida. Él respiró temblando.
“Y ya no voy a cubrirte”.
Sentí que algo se quebraba en esa casa, como un vidrio por fin.
Ramírez guardó los papeles en una bolsa de evidencia.
“Señor Ernesto, señora Dora, serán citados”.
Dora gritó:
“¡Esto es una persecución!”