h1 30 minutos antes del “sí, quiero”, mi suegra se reía de mi madre… “¡Díganle que se bañe!” Nadie sabía que mi madre era la…

Juan abrió los ojos, húmedos.

“Valeria, hay un documento con tu firma”.

Sentí que el estómago se me hundía.

“¿Mi firma?”

Miré a Alejandra, luego a mi madre.

“Yo jamás firmé nada de ellos”.

Juan tragó saliva.

“No lo firmaste tú. Lo firmé yo con tu firma”.

El mundo se me volvió pequeño.

“¿Qué hiciste?”

Juan habló rápido, asustado.

“Mi mamá dijo que era para un crédito, para nuestra casa. Yo falsifiqué tu firma”.

Me temblaron las manos. Dora empezó a llorar, pero no de culpa, sino de rabia por haber sido expuesta. Mi madre se llevó la mano a la boca. Alejandra se quedó dura.

“Eso es delito, Juan”, dijo sin adornos.

Juan se encogió.

“Lo sé. Por eso Ernesto me tiene atado. Si hablo, me destruyen”.

Yo sentí que la traición me cortaba la respiración.

“Me usaste”.

Juan negó desesperado.

“Te amé, Valeria. Solo tuve miedo”.

Yo lo miré y entendí que el amor no evita el daño.