Alejandra llegó con un hombre de camisa clara, sin uniforme, pero con autoridad.
“Soy Ramírez, trabajo con Fiscalía”, dijo mostrando credencial.
Juan palideció.
“No queremos escándalo”, murmuró.
Alejandra lo fulminó.
“Ya hay escándalo. Lo que falta es justicia”.
Ramírez nos pidió calma.
“¿Dónde están los documentos?”
Señalé el edificio.
“En el departamento, retenidos por Ernesto”.
Subimos con Ramírez. Juan iba atrás como condenado. Dora abrió la puerta al ver al hombre. Su sonrisa desapareció.
“¿Qué significa esto?”
Ramírez habló firme.
“Necesitamos verificar documentos por posible coacción y retención”.
Ernesto apareció desde la sala, aún con la carpeta.
“Esto es un abuso”, dijo.
Ramírez respondió:
“Abuso es amenazar a una ciudadana”.
Dora se llevó la mano al pecho, actuando sorpresa. Ernesto intentó cerrar la carpeta, pero Ramírez extendió la mano.
“Por favor”.
Ernesto lo miró con desprecio.
“No tienes orden”.
Ramírez no se inmutó.
“Tengo denuncia verbal en proceso y testigos. Si se niega, queda registrado”.
Dora intervino.