h1 30 minutos antes del “sí, quiero”, mi suegra se reía de mi madre… “¡Díganle que se bañe!” Nadie sabía que mi madre era la…

“Eso es extorsión”.

Dora se encogió de hombros.

“Llámalo como quieras. Las familias se protegen”.

Juan miró la hoja y se puso pálido, como si reconociera algo.

“Esa hoja…”, murmuró Juan.

Dora la guardó rápido.

“No es asunto tuyo”.

Juan dio un paso.

“Claro que es asunto mío. Mi nombre está en el rancho”.

Dora chasqueó la lengua.

“Porque yo lo puse ahí. Yo te hice dueño”.

Juan la miró con una mezcla de rabia y miedo.

“¿Y a qué costo?”

Dora se acercó a su oído y le susurró algo. Yo no escuché, pero vi cómo Juan se quebró.

Juan dejó caer la carpeta sobre la mesa.

“Valeria, vámonos”, dijo con voz rara.

Dora sonrió, segura de su poder. Yo me quedé quieta.

“No me voy sin copias”.

Dora se rió.

“¿Copias para acusarme?”

Yo saqué el celular. Dora me miró con frialdad.

“Si llamas a alguien, te arrepentirás”.

En ese instante escuché la puerta abrirse detrás. Entró el esposo de Dora, Ernesto, con cara de pocos amigos.

“¿Qué está pasando?”

Dora fingió calma.

“Nada. Valeria está histérica”.

Ernesto me miró de arriba abajo.