GEMELOS LE ENTREGAN UNA NOTA AL MILLONARIO… Y ÉL LLORA CON LO QUE ESTÁ ESCRITO...

PARTE 2: ¿Usted no nos va a llevar con usted?", preguntó Santiago tomando la mano de su hermano. "La tía Carmen dijo que si te encontrábamos ya no íbamos a tener que volver allá", completó Mateo con lágrimas formándose en sus ojos. Eso nos ayuda mucho a los que estamos empezando ahora continuando." Diego estaba en una situación imposible. No podía abandonar a dos niños en la calle, pero tampoco podía simplemente llevárselos con él.
Decidió que primero necesitaba entender mejor lo que estaba pasando. ¿Ustedes conocen la dirección del albergue? Está en la condesa. La casa es amarilla con un letrero que dice casa de la sonrisa. Respondió Mateo. Y ustedes vinieron desde allá hasta aquí solos. Tomamos el camión. La tía Carmen siempre nos llevaba a pasear y nos enseñó los números de los camiones, explicó Santiago con orgullo en la voz. Diego quedó impresionado con la inteligencia de los niños, pero preocupado por la facilidad con que habían encontrado para moverse por la ciudad.
Tomó el celular y llamó a su asistente. Verónica, necesito que canceles todos mis compromisos de la tarde. Tengo una situación urgente que resolver. ¿Algún problema, Dr. Diego?, preguntó la asistente. Te explico después. Ah, e investiga sobre un lugar llamado Casa de la sonrisa en la Condesa. Quiero toda la información posible. Tras colgar, Diego miró a los gemelos que lo observaban con expectativa. Decidió que la mejor opción sería llevarlos de vuelta al albergue, pero de una forma que no los traumatizara.
"¿Ustedes tienen hambre?" Sí, señor", respondieron los dos al unísono. "Entonces, ¿qué tal si almorzamos juntos? Después hablamos con calma sobre toda esta historia. Los ojos de los niños brillaron. Era evidente que no estaban acostumbrados a las gentilezas. Diego llamó a un taxi y durante el trayecto hasta un restaurante cercano observó cómo se comportaban los gemelos. Se sentaban muy juntitos, siempre tocándose, como si necesitaran la confirmación física de que el otro estaba allí. Hablaban bajito entre ellos en un lenguaje propio que solo los gemelos tienen, pero siempre respondían con educación cuando él hacía alguna pregunta.
En el restaurante pidió platillos sencillos que sabía que a los niños les gustarían. Mientras esperaban la comida, intentó extraer más información sobre esa tal tía Carmen. Hace mucho que conocen a la tía Carmen. Desde que llegamos a la casa de la sonrisa, pero ella no estaba al principio, explicó Mateo. ¿Cómo es eso? Primero estaba la tía Patricia, pero ella se fue. Después vino la tía Carmen y ella era diferente. Continuó Santiago. Diferente cómo lloraba cuando nos miraba y siempre hablaba del papá que iba a venir a buscarnos algún día, respondió Mateo... SI TE INTERESA EL ARTÍCULO, POR FAVOR DALE “ME GUSTA” Y COMPARTE ESTA HISTORIA, Y PULSA “ BIEN ” SI QUIERES LEER LA HISTORIA COMPLETA. GRACIAS.