Ahí estaba yo, Teresa, de 72 años, en el funeral de mi querido esposo Roberto, viendo como mis hijos Rebeca y Diego recibían la finca de 15 millones de dólares, los seis apartamentos de lujo valorados en 18 m000ones, los cinco autos deportivos y la fortuna completa de 45 millones dó. [música] Para mí, la viuda que lo cuidó durante años, me entregaron solo un pequeño sobredoblado.
Cuando mi hija Rebeca lo abrió frente a todos, las risas explotaron por toda la sala del funeral.
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Adentro había únicamente un pasaje de avión a Costa Rica. Confundida y humillada, decidí ir de todas formas.
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