Esa respuesta se quedó con Luisa durante días. Una semana después, mientras revisaba los signos vitales de Rosa, la niña le confesó algo en voz muy baja. Enfermera Luisa, si pudiera pedir un deseo, sería ir a un concierto de Juan Gabriel, solo uno antes de No terminó la frase, pero no hacía falta. Luisa sintió que se le partía el corazón. Sabía que Rosa no podría salir del hospital. Su sistema inmunológico estaba demasiado débil y cualquier exposición a multitudes podría ser fatal.
Esa noche, Luisa no pudo dormir pensando en la niña. A las 3 de la mañana tuvo una idea que parecía imposible, pero decidió intentarlo de todas formas. Se sentó en su mesa y escribió una carta a mano dirigida a Juan Gabriel. No tenía su dirección personal, pero sabía que su oficina de management estaba en la colonia Polanco. La carta decía, “Estimado señor Juan Gabriel, mi nombre es Luisa Hernández y soy enfermera en el Hospital infantil de México.
Tengo una paciente de 9 años llamada Rosa, que está en etapa terminal de leucemia. Su único deseo es escucharlo cantar en vivo, pero no puede salir del hospital. Sé que esto es mucho pedir, pero si pudiera visitar aunque sea por 5 minutos, cambiaría su vida. No busco publicidad ni fotos, solo un momento de alegría para una niña que no tiene mucho tiempo. Con respeto, enfermera Luisa Hernández. Luisa envió la carta sin muchas esperanzas. Sabía que Juan Gabriel era una superestrella con agenda llena de compromisos.