Me quedé sentada en el suelo frío del garaje, con las manos temblando y el corazón latiendo con fuerza.
Dentro de aquella gran caja de madera…
no había dinero, ni joyas, ni documentos.
Había… fotografías.
Cientos de ellas.
Algunas en blanco y negro, otras más recientes.
Todas tenían algo en común.
Ricardo.
Pero no conmigo.
Con otra mujer.
Y con… un niño.