El montañés rechazaba a todas las novias delgadas, ¡hasta que la muchacha obesa curó las heridas de su madre con esto!

El montañés rechazaba a todas las novias delgadas, ¡hasta que la muchacha obesa curó las heridas de su madre con esto!

La noche en que todo cambió, el hombre más temido de Aguaverde tomó del brazo a la mujer más hermosa del pueblo y la empujó fuera de su portal como si estuviera apartando un costal vacío.

—Te dije que no —gruñó Elías Carranza.

La puerta se cerró de golpe detrás de ella con un crujido que hizo callar hasta a los curiosos del corredor de madera. Adentro, su madre arrancaba con desesperación las vendas de sus ojos, gritando que la oscuridad se la estaba comiendo viva.

Veinte mujeres habían subido hasta la hacienda de El Mirador en menos de una semana.

Veinte.

Y las veinte habían regresado humilladas.