Sofía dio un sorbo largo a su copa, sus labios perfectamente delineados curvándose en una mueca de desdén.
Yo no lo olvidé.
Solo digo que estás gastando fortunas en médicos cuando cualquier nana decente podría controlarlo con disciplina.
Disciplina, Sofía.
El niño llora de dolor.
He visto sus ojos.
Hay algo mal, algo muy mal.
En ese momento entró Emiliano, el mayordomo de 60 años que llevaba tres décadas sirviendo a la familia Montalvo.
Su rostro arrugado mostraba preocupación genuina.
Disculpe, señor Sebastián.
La agencia de enfermería envió a otra candidata para el puesto de niñera.
dice que tiene experiencia con niños especiales.
Especiales.
Sebastián frunció el ceño.
Mateo no es especial, Emiliano.
Está enfermo.
Lo sé, señor, pero quizás valga la pena entrevistarla.
Las otras 17 niñeras renunciaron después del primer día.
Sebastián suspiró profundamente.
El llanto de Mateo se intensificó desde el piso superior, como si el niño sintiera que hablaban de él.
Que pase.
5 minutos después, Valentina Reyes entraba al despacho y Sebastián no pudo evitar un gesto de sorpresa.
No era lo que esperaba.
La mujer tendría unos 35 años con el cabello negro recogido en una trenza gruesa, piel morena clara y manos trabajadoras.
Vestía unos jeans limpios y una blusa blanca sencilla.
En sus ojos cafés había una determinación que Sebastián reconoció de inmediato, la misma que él tenía cuando empezó su imperio desde cero.
"Buenas noches", dijo Valentina con acento del norte de la ciudad.
"Soy Valentina Reyes, enfermera pediátrica.
Vengo de la colonia Tepito."
Sofía casi escupió su vino.
Tepito, Sebastián, no puedes estar considerando contratar a alguien de ese lugar.
Valentina la miró directamente a los ojos sin intimidación.
Tepito me enseñó a sobrevivir, señora, y a reconocer cuando alguien está en verdadero peligro por el sonido del llanto que escucho desde que entré a esta casa, diría que su hijo está en agonía.
El comentario cayó como una bomba.
Sebastián se levantó de su silla de cuero.
Todos los médicos dicen que no encuentran nada malo.
Neurológicamente está bien, físicamente está bien, pero llora.
Dios, ¿cómo llora?
El hijo del multimillonario sufría dolores,hasta que la niñera le quitó algo misterioso de su cabeza...