Era ella quien sostenía todo.
Todo.
Me llevé las manos al rostro.
Y lloré.
Como nunca había llorado antes.
Horas después…
O tal vez minutos…
Ya no lo sabía.
Escuché el sonido de la puerta.
Pasos ligeros.
Helena.
Entró.
Se detuvo al verme.
El suelo cubierto de ropa.