Y otra.
Y otra.
En varias de ellas —sobre todo en las más viejas— había pequeños bolsillos cosidos, escondidos entre el forro.
Y dentro de ellos…
Siempre dinero.
Algunos billetes pequeños.
Otros más grandes.
Todo cuidadosamente doblado.
Organizado.
Guardado.
Durante años.
Sentí que las piernas me fallaban.
Y entonces…
Caí de rodillas al suelo.
Pero no era solo eso.
Dentro de uno de los bolsillos… había algo más.
Un papel pequeño.
Amarillento.
Doblado con cuidado.
Mis manos temblaban mientras lo abría.