—Qué raro…
Pasé la mano por dentro de la tela… y sentí un pequeño bulto escondido en el forro.
Mi corazón empezó a latir con más fuerza.
Ahí.
Era eso.
Era la prueba.
Mis manos empezaron a temblar mientras jalaba la tela rasgada, dejando al descubierto un pequeño bolsillo improvisado, cosido a mano.
Y dentro de él…
Había dinero.
Billetes doblados.
Muchos.
Me quedé helado.
Mi mente colapsó.
—Entonces era eso…
Un calor me subió por el pecho, mezclado con una rabia amarga.
—¿Me estuvo escondiendo dinero… todo este tiempo?
Mi respiración se volvió pesada.
Empecé a buscar.
Como un loco.
Tomé otra prenda.