Mi madre dio un paso hacia mí.
—Andrea, escúchame. Esa mujer está enferma. Lleva décadas inventando historias. No sabe lo que dice.
—Entonces dime tú la verdad.
Por primera vez en mi vida, mi madre dudó.
Fue solo un segundo.
Pero lo vi.
Y ese segundo bastó para que todo mi mundo empezara a tambalearse.
—Nos vamos a casa —dijo finalmente.
—No.
La palabra salió sola.
Nunca le había dicho que no.