Asentí.
—Sí… mamá.
El llanto que soltó fue tan profundo que pareció salirle del alma.
La abracé.
Y por primera vez en mi vida sentí algo extraño.
Algo que nunca había sentido con nadie.
Como si una parte perdida de mí… finalmente hubiera regresado a casa.
Detrás de nosotras, el coche negro arrancó.
Y mi pasado se fue con él.
Pero esa noche, mientras caminábamos juntas bajo la lluvia, entendí algo que ningún libro de medicina me había enseñado.
La sangre puede separarse.
Puede ocultarse.
Puede mentir.
Pero tarde o temprano…
siempre encuentra el camino de regreso.