Parte 2 :
No habló. No lloró. No pudo.
Estela María Villaseñor había sido su abuela. La mujer que la crió entre cazuelas de barro, comales ennegrecidos y domingos que olían a manteca, canela y chile de árbol. En la cocina de su casa, en el barrio de Jalatlaco, Lorena aprendió que la comida no era sólo comida: era memoria, consuelo, dignidad.
Su abuela preparaba una salsa espesa, roja, brillante, con un picor lento y un fondo dulce imposible de adivinar. Los vecinos empezaron a pedirla. Luego las fondas. Después los mercados. Al final, Estela comenzó a embotellarla. Lo hacía sin prisa, como si supiera que las cosas verdaderas no necesitaban gritar.
Cuando Lorena se mudó a Ciudad de México a los veinticuatro años, su abuela le entregó dos cosas: un recetario escrito a mano y una fotografía donde aparecía sonriendo con dos frascos de salsa en las manos.
—Esto vale más de lo que parece —le dijo.
Lorena guardó el recetario durante treinta años.
Octavio jamás lo abrió.
Con las botellas aún frente a ella, revisó el fondo del huacal y encontró una carpeta. Dentro había cartas, pedidos y contratos viejos entre su abuela y doña Delia Prado. Durante más de quince años, el Comedor Delia había comprado cada mes aquellas botellas de salsa. Había notas sobre lotes más intensos, otros más dulces, clientes que pedían “la misma de siempre”.
Y había algo más.
Un convenio formal, firmado y fechado, donde se establecía que la marca y la receta de La Original de Estela pertenecían exclusivamente a Estela María Villaseñor y a sus herederos directos.
Lorena leyó el documento dos veces. Luego tres.
A la mañana siguiente se sentó frente a una abogada de propiedad intelectual llamada Mónica Téllez. Puso la carpeta sobre el escritorio y esperó.
Mónica revisó cada hoja con calma, comparó fechas, levantó la vista y dijo:
—Su abuela registró esto seis años antes de que usted se casara. Además, usted es la única heredera directa. En términos legales, esto es suyo. Completamente suyo.
Lorena apretó las manos sobre las rodillas.
—¿De verdad?
—De verdad. Y le digo algo más: no estamos hablando sólo de una receta. Estamos hablando de una marca con historia.