—¿De qué hablas? —se burló Julián.

El agua seguía cayendo de su ropa.

Pero ahora…

parecía irrelevante.

—Durante meses —dijo—, recibí reportes.

Quejas.

Denuncias.

Sobre lo que ocurre en esta empresa cuando nadie mira.

Pausa.

—Hoy vine a comprobarlo.

El silencio era absoluto.

—Y no solo lo confirmé…

miró a Julián por primera vez.

—Lo superaron.

Julián tragó saliva.

—Esto es un malentendido, licenciada, yo—

—Cállate.

Una sola palabra.

Y lo destruyó.

Nunca en su vida alguien le había hablado así.

Pero nadie se atrevió a cuestionarlo.

Porque todos… ya sabían.

El juicio

Isabel caminó lentamente hacia él.