Compré una lavadora de segunda mano en una tienda de artículos usados… Y dentro encontré un anillo de diamantes.

—Sí —respondí, intentando mantener firme la voz.

El oficial me miró unos segundos que parecieron eternos.

—¿Puede salir un momento, por favor?

Parte 2…

Sentí que el estómago se me caía al suelo. Detrás de él, otros agentes observaban en silencio. Las luces seguían girando, tiñendo mi casa de rojo y azul, como si fuera la escena de un crimen.

Mis hijos estaban detrás de mí, abrazados, llorando.

—Papá, ¿qué pasa? —susurró el mayor.

No tenía respuesta.

Di un paso afuera. El aire frío de la mañana me golpeó el rostro. Pensé en el anillo. Pensé en la mujer. ¿Había cambiado de opinión? ¿Alguien había dicho que lo robé?

El oficial respiró hondo.

—Recibimos una llamada esta madrugada relacionada con usted.

El mundo comenzó a dar vueltas.

—¿Una… llamada?

—Sí. Sobre un anillo.

Sentí que la sangre me abandonaba la cara.

—Yo lo devolví —dije rápido—. Se lo llevé a su dueña. Puede preguntarle. No hice nada malo, lo juro. Solo lo encontré en la lavadora que compré.

El oficial levantó ligeramente una mano.

—Lo sabemos.

Parpadeé, confundido.