Gael miró al suelo.
—Porque ella nos vio.
Renata estaba completamente blanca.
—Y dijo… —continuó Gael— que si hablábamos… Mariana perdería su trabajo.
Un murmullo enorme recorrió la sala.
El juez golpeó el mazo.
—¡Silencio!
Santiago miró lentamente a Renata.
—¿Es cierto?
Ella intentó reír.
—Son niños, Santiago. Inventan cosas.
Pero el juez ya estaba mirando al fiscal.
—¿Dónde está el informe de cámaras de seguridad?
El fiscal tragó saliva.
—No había cámaras en ese pasillo, señoría.
El juez miró a Renata otra vez.
—Pero sí en la entrada principal.
La mujer dejó de respirar por un segundo.
—Quiero esas grabaciones —ordenó el juez.